Ciudadanos del cielo y de la tierra

El Salmista indudablemente se refiere, a Jerusalén, como la ciudad de Dios, cimentada en el monte Santo; una ciudad amada por Él y enormemente bendecida. Los procedimientos legales y jurídicos de la época, la interacción social y las transacciones comerciales, se llevaban a cabo en la puerta principal de la misma; lo que hacía de ella una ciudad atractiva para otras naciones como Egipto y Babilonia, Tiro, Etiopía y Filistea.

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