“No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al SEÑOR y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tu ser”.

(Proverbios 3:7-8 NVI)

Pasó hace 2000 años y sigue sucediendo ahora. Juzgamos las cosas sin darnos la oportunidad de conocer a fondo su contenido, señalamos a las personas y lanzamos juicios sin haber cruzado palabra con ellas, no sé, si es que nos creemos con poderes especiales, para que con solo observar a alguien, podamos escribir toda una página desconociendo quién es, que hace, o a qué se dedica, nos enfrascamos en luchas internas en las que con una sola palabra, podemos tumbar todo un proyecto o dañar la imagen de alguien, sin medir las consecuencias.

Los fariseos, eran el partido político más influyente en la época de Jesús. En el libro de Mateo capítulo 23, Jesús exhorta a los discípulos, acerca del comportamiento de éste tipo de personas. Con prudencia, los invita a obedecer la ley de Moisés, la cual era promulgada por ellos, pero hace un énfasis tremendo, en no seguir su ejemplo.

Quisiera que analizáramos lo que Jesús les dijo, para que podamos identificar en qué posición estamos:

Un fariseo es aquel que:

  1. Su actuar hipócrita y falso testimonio, aleja a las personas de la iglesia, no crecen espiritualmente ni permiten que otros se acerquen a Jesús. Llevan la Biblia bajo el brazo todo el tiempo, dicen saber y conocer la palabra, pero no la dan a conocer ni con su ejemplo, ni con su enseñanza y critican todo el tiempo a aquellos que intentan hacerlo.
  2. No practica lo que predica. No da un buen testimonio, le habla a otros de lo contenido en la palabra, pero sus acciones indican todo lo contrario a lo que allí se enseña.
  3. Descargan responsabilidades en los demás, pero no asumen las propias.
  4. Viven un liderazgo de apariencias. Todo lo hacen para que la gente los vea.
  5. Son ciegos espirituales, legalistas, anteponen sus creencias personales, aunque lastimen a su prójimo, dejan de lado la misericordia, la justicia y la fidelidad, para dar paso a la envidia, el orgullo, odio, resentimiento y falta de perdón.
  6. Por fuera, parecieran ser personas justas, amorosas, honestas, pero en su interior habita la maldad, son violentos y están llenos de mentira.

No podemos pasarnos la vida, tratando de perfeccionar a los demás. No somos nadie para juzgar a otros, y si así fuere, debemos adquirir la autoridad moral para poderle exigir que actúe de una manera o de otra. Si crees que te la sabes todas, que los demás no están en la capacidad de hacer algo, solo porque a tu criterio consideras no debe hacerlo, destilas veneno contra tu hermano, y te autoproclamas sabio, vives una vida equivocada. El señor nos exhorta a ser humildes, a ayudar, amar y comprender a nuestro prójimo, antes de lanzar juicios sin sentido, Jesús nos lo enseñó cuando dijo en Juan 8:1-7 “El que esté libre de pecado que lance la primera piedra” y en Mateo 7:3-5 NVI “¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?”.

Puedes ser un líder influyente en tu iglesia, el más conocido por todos, saberte la Biblia de memoria, decir que conoces a Jesucristo a profundidad, orar 10 horas al día y alabar con voz fuerte a Dios mientras entonas cada día tu canción cristiana favorita, pero no estás exento de fallar, de errar o caer, El Señor, espera de ti y de mí, nuestra total dependencia de Él, para que cuando vayamos a actuar, pongamos bajo su consideración nuestro siguiente paso, para así, no negarlo públicamente con nuestras decisiones.

Debemos evitar que nuestra relación con Dios sea vacía, legalista y llena de reglas, dejémonos llenar del poder del Espíritu santo para mantenernos fieles a las enseñanzas de Jesús, porque tendremos que rendir cuentas, no por la lista de pecados de los demás, sino por la nuestra propia.

“Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer”.

(1 Corintios 10:12 NVI)

Escrito para www.destellodesugloria.org / www.conectadosconcristo.com