Los cristianos tenemos un síndrome, por lo general, que no nos permite ser asertivos en las decisiones que tomamos ni tampoco efectivos con las actividades que desarrollamos. El síndrome al que me refiero es el de ser bueno. Un síndrome que sin lugar a duda nos quita mucha energía pues ponerlo en marcha, desgasta cada minuto de nuestra vida y es precisamente esa energía la que deberíamos invertir en proyectos, planes y crecimiento que impacten o dejen un legado… el sueño de cualquier emprendedor. Si tienes grandes ideas y grandes sueños es tiempo de que dejes de ser bueno y enfoques de una manera diferente tu energía.

He sido yo mismo testimonio de este síndrome y cuando me di cuenta que lo poseía hice todo a mi alcance para sacarlo de mi vida. Yo era bueno pues creía que Dios esperaba eso de mí y es que a veces sacamos de contexto cosas que Él nos enseña en su palabra. Definitivamente creo que Dios quiere que seamos buenos con los demás en el sentido de no hacerles daño, ser bondadosos y compasivos, pero otra cosa estaba yo ejecutando. Estaba haciéndome responsable de los demás y queriendo que todos me aprobaran para que les cayera bien. Incluso, llegué a poner mascaras para parecer “más santo” y eso no es lo que Dios quiere para nosotros.

Jesús impactó de manera incomparable la historia humana, precisamente por esto: fue AUTÉNTICO. Ser bueno para mí se estaba volviendo algo muy malo pues me alejaba de ser genuino e íntegro y mi asertividad era pésima a la hora de tomar decisiones pues lo hacía sobre la base del “qué dirá mi líder” o “qué pensarán mis amigos de la iglesia”. Dios no quiere santurrones, Dios quiere gente real. Y si eres o quieres ser emprendedor vas a necesitar el triple de dosis de autenticidad que cualquier persona normal.

Me encantan las visitas de amigos a mi casa y me encanta visitarlos. En muchas de estas visitas he aprendido algo muy bonito y es que no hay mejor ambiente que el que se construye sobre la base de la autenticidad. Cuando junto a mi esposa compartimos con otras parejas y les hacemos saber que no somos una pareja perfecta, que nos peleamos por bobadas y por otras que a veces no lo son, las demás parejas también se abren y nos cuentan sus anécdotas y eso me encanta pues no estamos en una lucha de quien parece más perfecto o santo, estamos mostrándonos humanos, con errores y mucho trabajo por delante. Eso mismo se mueve en todas mis esferas.

No existe circunstancia más aburrida que charlar con un cristiano luchando por mostrarse inmaculado o persona cualquiera tratando de sentirse aprobado por mi o mi esposa. Es muy incómodo. Amo mostrarme tal y como soy sin pensar en el qué dirán, me ha convertido en alguien mucho más asertivo y alguien con quien a las personas les gusta estar, sin enfocarme en eso. Ahora, si hablamos en términos de emprendimiento, si quieres vender una idea, buscar socios o revolucionar tu tiempo, debes dejar de ser bueno, de querer aprobación de las personas y avanzar.

La gente te seguirá mientras te aceptes siendo genuino y tus ideas serán más atractivas cuando simplemente las muestres como tú mismo, no como otro. No intentes ser como otro, sé tú mismo. Los grandes, han revolucionado sus tiempos en gran parte por esta característica. Mark Zuckerberg no habría superado la depresión de perder amigos debido a la fuerza de su idea. Gandhi, el alma grande, se hubiera intentado parecer más a los ingleses que buscar la genuina cultura india y liderar a su pueblo a combatir en paz y ser libres. Jesús se habría parecido más a los sacerdotes de la ley o fariseos para evitar los roces religiosos. ¿Te das cuenta de lo importante que ha sido el dejar de ser bueno a lo largo de la historia humana?  Es hora que tú también lo hagas y llegues ya a donde Dios quiere que así lo hagas, pero no gasten tu energía buscando aprobación, ni tampoco te cargues con lo que los demás piensan. Hazlo bien delante de Dios y Él aprobará y enderezará todos tus caminos.

¡Bendiciones emprendedor!

Escrito por David Andrés Rincón para www.conectadosconcristo.com