Cuando era niño me encantaba ver un programa televisivo que en mi país se llama “Concéntrese” y este se trataba de un esquema en el que los participantes debían recordar las parejas de elementos que aparecían en un tablero de 30 números destapando una ficha y luego otra con el fin de encontrar la par, inicialmente, como no habían destapado todas las fichas, tenían que adivinar cual destapar con el fin de ir revelando el contenido de cada número.

Muchos cristianos hoy intentan hacer lo mismo, destapan fichas al azar buscando allí y buscando allá, preguntándose si ¿será Dios es esto o es aquello? o ¿quiere esto o quiere aquello?, intentan adivinar quién es Dios esperando a que Él se les revele en cualquier momento, y muchos intentan por su propio conocimiento envanecedor conocer a Dios, ya no hay gente como el pueblo de Berea que van a las Escrituras a verificar si lo que se les predica es verdad o no, es de sana doctrina o son patrañas disfrazadas de un buen discurso prospero o motivacional.

En tiempos antes de nuestra era, Dios se revelaba así mismo en sueños y visiones a unos cuantos escogidos, los profetas y jueces, mas tarde en las escrituras inspiradas por Su Santo Espíritu y vemos luego la cumbre de su providencia revelándose en Jesucristo, lo que muchos teólogos denomina “la encarnación”.

El autor de la carta a los Hebreos lo señala así: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” Hebreos 1:1-2, RVR60.

Al hablar de “muchas maneras” vale la pena resaltar dos tipos en que Dios se revela así mismo, la revelación general y la revelación especial. La revelación general va dirigida a un público en general con un contenido general, es la manifestación divina del Creador, por ejemplo en el Salmo 19 dice el salmista “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” esta revelación nos provee el conocimiento de la deidad y el poder de Dios creador, algo que ninguna criatura puede dejar de apreciar, aunque hayan personas que nunca han oído el mensaje del Evangelio, saben que hay un poder creador de todo lo que existe. En la revelación especial, Dios redentor se revela a quienes lo quieren escuchar, “El temor del Señor es el principio del conocimiento” Proverbios 1:7ª, NVI; el temor de Dios se da cuando tu como cristiano te sometes a su Palabra, la obedeces y la sigues porque sabes que es verdad todo lo que allí está contenido.

Recuerda que mientras la sabiduría se funda en el temor de Dios, la necedad se funda sobre la negación de Dios. Pero no basta con solo creerle que Él existe, aún los demonios creen en su existencia, hay que creerle a Él y lo que Él dice está contenido en las Escrituras.

En Cristo Jesús, para Conectados con Cristo.

Escrito por Joaquín Mauricio Moya Gordillo para www.conectadosconcristo.com

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