La tormenta con tempestuosos vientos se acerca con fuerza y poder destructor hacia aquel hogar en donde había amor  y el cual parecía haberse construido sobre la roca, con fundamentos firmes y sólidos en El consumador de la vida.

Mi casa se derrumbaba y no había forma de detener su impetuosa caída, y a su paso veía  el reflejo de un anhelo en mi corazón  desplomarse; al dejar ir al hombre que elegí en mis fuerzas y al que aún en la distancia extrañaba, aquel que en su corazón decidió cambiar la sintonía del amor y dejar penetrar la hiel del desprecio y desamor.

Aquel que olvidó sus promesas de amor y ahora las declara a alguien más. “Un juntos por siempre” que termina, marcado por un terrible dolor, donde el desprecio, el odio y el olvido se condensan en un solo sujeto para dar por terminado un pacto de amor, que al parecer sólo uno se determinó a construir delante de Dios y que no permitió que su corazón engañoso y perverso fuera escudriñado y procesado por El dador de la vida.

Ahora después de este amargo proceso de separación y divorcio pude entender que mi felicidad no provenía de él, que mi fuerza, autoestima y valor no era un calificativo de un sujeto que no respeto nuestro compromiso de amor y lealtad, y que aquel barco con rumbo a la eternidad en Cristo, se había quedado sin timón, donde las vertiginosas aguas de la infidelidad golpearon sin compasión dejando náufragos sumergidos en intenso dolor y desesperación, quedando en medio de caos y confusión.

Ya han pasado tres largos años y es tiempo de decir a dios; cerrando las puertas de un pasado que marco mi corazón. Por qué ciertamente he de olvidar la vergüenza de mi juventud, dejaré atrás el título de esposa repudiada y abandonada; porque mis ojos se han abierto, y puedo ver cómo al entregar mis dudas, mis temores, y aún el duelo de la pérdida,  abrazo tu gran misericordia, y puedo ver cómo las ventanas de mi corazón son adornadas con piedras preciosas, como un nuevo cántico de alabanza y adoración resurgen de las cenizas para dar todo el honor, la gloria y la alabanza, para ti mi Rey, Rey de Reyes, y Señor de Señores, que aún en la soledad y turbulencia de mi corazón confuso y destruido, jamás me dejaste y hoy hermoseas mi rostro para con libertad perdonar y dejar atrás un pasado que no tiene reversa, y que sin lugar a duda formo mi carácter, aprendí de mis errores y con ahínco batallar, entendiendo que el eterno amor del Padre me acompaña sin reservas.

Ahora empiezo un viaje con una maleta más liviana sabiendo que el control de mi destino lo tienes tú.

Bella mujer tengo razones de sobra para animarte avanzar, a perseverar, te insto a desprenderte del pasado que destruye a las imágenes que recrean una historia que terminó, y al susurro de palabras que enloquecen. ¡Basta!, los sentimientos vienen y van, pero la palabra de Dios nunca fluctúa.

Con cariño y en la felicidad de transmitir el  mensaje Johac. (Johana Cárdenas). Para http://www.conectadosconcristo.com