Texto Bíblico

Éxodo 12:43 – 51 NVI

Restricciones para la Pascua

“43 El SEÑOR les dijo a Moisés y a Aarón: «Éstas son las normas para la Pascua: »Ningún extranjero podrá participar de ella. 44 »Podrán participar de ella todos los esclavos que hayas comprado con tu dinero, siempre y cuando los hayas circuncidado antes. 45 »Ningún residente temporal ni trabajador a sueldo podrá participar de ella. 46 »La Pascua deberá comerse en casa, y de allí no se sacará ni un solo pedazo de carne. Tampoco se le quebrará ningún hueso al animal sacrificado. 47 »Toda la comunidad de Israel debe celebrar la Pascua. 48 »Todo extranjero que viva entre ustedes y quiera celebrar la Pascua del SEÑOR, deberá primero circuncidar a todos los varones de su familia; sólo entonces podrá participar de la Pascua como si fuera nativo del país. »Ningún incircunciso podrá participar de ella. 49 »La misma ley se aplicará al nativo y al extranjero que viva entre ustedes.» 50 Todos los israelitas cumplieron al pie de la letra lo que el SEÑOR les había ordenado a Moisés y a Aarón. 51 Ese mismo día el SEÑOR sacó de Egipto a los israelitas, escuadrón por escuadrón.”

Reflexión

¡El pasado, jamás será mejor!

Por la arrogancia del Faraón los egipcios ya lo habían perdido todo, no se sentían seguros, qué podía venir después de la muerte de sus hijos? Mientras tanto, los israelitas, después de más de 400 años de esclavitud celebraban a Dios y aguardaban expectantes llegar a la tierra prometida.

Dicen que después de la tormenta viene la calma. Por unos segundos miramos a nuestro alrededor ya no llueve, no caen truenos, solo ha quedado ruina, oscuridad, tristeza, muerte, es el rezago del pecado, un último vistazo a lo que fue una esperanza nueva de construir en el futuro algo mucho más fuerte y duradero. Me refiero al momento puntual en el que el divorcio ya se ha firmado, ya te han embargado los bienes, te confirmaron el diagnóstico de una grave enfermedad, te abandonaron, te golpearon, tus sueños fueron destruidos, perdiste tu trabajo, en fin, la consecuencia de nuestras decisiones poco acertadas, llegaron, arrasaron y dejaron a su paso ese sentimiento de impotencia y de temor que te dice que no puedes más, que ya no hay porque luchar, hundiéndote cada vez más en la decepción de no haber recibido lo que merecías o necesitabas de acuerdo a tu criterio.

¿Qué vendrá después?, tienes dos opciones, agachar la cabeza, deprimirte y morir en la desidia de la desesperanza, alejándote de todo lo que tenga que ver con Dios o levantarte confiado(a) de que Dios habrá de restituirte TODO lo que te han quitado, que tiene el poder de restaurar tu vida, sanar las heridas físicas y de tu corazón y hacer todas las cosas nuevas y mucho mejores de lo que eran en el pasado.

Ser sus hijos y rendirnos totalmente a su voluntad, nos hace merecedores de su amor, gracia y misericordia. Cuando reconocemos que dependemos de Él, lo dejamos actuar a nuestro favor, ya no somos un obstáculo para su obrar en nosotros cada día. Quizás no nos guste el haber sido despojados de lo que a nuestro parecer nos hacía felices, pero les aseguro, que lo que vendrá, si somos obedientes a su palabra, será la felicidad absoluta y permanente que solo Él puede darnos, seremos más productivos que antes, ejemplo vivo de su despliegue de poder en nuestra existencia.

No tengas miedo, en Dios, la calma después de la tormenta significa una celebración continua de su llegada a nuestro corazón. Es festejar el instante aquel, en que lo que fue ya no es, el antes y después del creyente que decide rendirse al Señor disfrutando entre sus brazos de su paz sobrenatural y entendiendo que solo con Él y para Él es que vale la pena vivir.

 

Oremos

Estoy plenamente convencida Señor, que lo mejor de mi pasado fue conocerte. No quiero vivir un segundo más lejos de ti. Gracias porque lo que fue tristeza en mi vida, es mi mayor fortaleza hoy en día. Te amo Padre Celestial, gracias por darle sentido a mi vida. En el nombre de Jesús, amén y amén.