“Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal”. (Génesis 19: 26 RVR1960)

Nostálgica se imaginaba en aquellos tiempos, disfrutando de los fugaces momentos felices que vivió junto a su amor. No supo que pasó, pero se enamoraron y después de un tórrido romance entre abrazos y besos, creyeron conocerse y en su intimidad se profesaron amor eterno e incondicional.

Fue muy difícil aceptar que aquellas promesas provenientes de un hombre no se cumplieron. Entregó su corazón en bandeja de plata a quien no lo supo valorar. No fue Dios quien enojado le negó su supuesta felicidad sino las malas decisiones, las actitudes arrogantes y el orgullo de las dos partes, las causas de muerte súbita de aquel amor que quedó en el limbo después de atravesar el hoyo negro del divorcio.

De cada cicatriz emana un triste recuerdo, su soledad es hoy su único acompañante. Añora regresar a sus brazos, sentir el fuerte latido de su corazón al posar su mejilla sobre su pecho, ansía la seguridad que le ofrecía el calor de su cuerpo junto a ella; disimuladamente, observa con cierta incredulidad la vida nueva ofrecida por alguien a quien ella no conoce, pero que por años en silencio la ha amado con todas sus fuerzas. Allí está Él enamorado, se deleita cada día con su belleza e inteligencia, anhelando acariciar su rostro enmarcado por la bella sonrisa que se asoma tímidamente en cada despertar.

Ignora que Él dio su vida por ella y si tuviera que volver hacerlo lo haría nuevamente, con tal de hacerla feliz para siempre. Cada lágrima derramada por ella son las perlas preciosas que Él ha ido acumulando para cortejarla. Su tesoro es su corazón y ha decidido restaurarlo, cuidarlo, protegerlo y renovarlo con cada gota de rocío que se desprende desde el cielo, tratando de llamar su atención.

Ella ya no cree en el amor, espera no volver a pasar por el desierto del desprecio,  sin embargo, es imposible sentirse atraída ante la esperanza de sentirse amada otra vez. Éste hombre es perseverante, no desistirá hasta lograr un sí como respuesta a su declaración de amor verdadero. La ha esperado toda su vida y no la dejará ir nunca más.

El punto de quiebre en donde ya no hay regreso, en donde debes decidir si te quedas paralizada en un pasado que ya no puedes cambiar por más que tu alma lo grite a los cuatro vientos o en el que sientes un impulso de dar un paso adelante presuroso por experimentar lo que nunca antes. Se presenta delante de ti, para sanar tus heridas, ayudarte a reemplazar el dolor por alegría; es caballeroso, amoroso, tierno, detallista y está dispuesto a demostrarte con hechos que eres la niña de sus ojos, su reina, la respuesta a su clamor, la dueña de sus pensamientos.

Ha prometido no defraudarla, jamás dejarla sola, proveer lo que necesita y llenar con caricias el vacío de lo que quedó atrás para nunca más volver. Sus palabras, son la verdad, así que puede confiar en que hará lo necesario para que su sonrisa no vuelva a borrarse y su mirada siga brillando como lo hace hoy…su nombre Jesús y el de ella es el tuyo impreso en su mente y todo su ser.

“Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero”.

(1 Juan 4:19 NVI)

Escrito por Lilo de Sierra para www.conectadosconcristo.com