TEXTO BÍBLICO

2 Samuel 19: 8-43 (NVI)

David regresa a Jerusalén

Los israelitas, mientras tanto, habían huido a sus hogares, y por todas las tribus de Israel se hablaba de la situación. Decían: «El rey nos rescató del poder de nuestros enemigos; él nos libró del dominio de los filisteos. Por causa de Absalón tuvo que huir del país. 10 Pero ahora Absalón, al que habíamos ungido como rey, ha muerto en la batalla. ¿Qué nos impide pedirle al rey que vuelva?»

11 Entonces el rey David mandó este mensaje a los sacerdotes Sadoc y Abiatar: «Hablen con los ancianos de Judá y díganles: “El rey se ha enterado de lo que se habla por todo Israel. ¿Serán ustedes los últimos en pedirme a mí, el rey, que regrese a mi palacio? 12 Ustedes son mis hermanos, ¡son de mi propia sangre! ¿Por qué han de ser los últimos en llamarme?” 13 Díganle también a Amasá: “¿Acaso no eres de mi propia sangre? Tú serás de por vida el general de mi ejército, en lugar de Joab. ¡Que Dios me castigue sin piedad si no lo cumplo!” »

14 Así el rey se ganó el aprecio de todos los de Judá, quienes a una voz le pidieron que regresara con todas sus tropas, 15 de modo que el rey emprendió el viaje y llegó hasta el Jordán. Los de Judá se dirigieron entonces a Guilgal para encontrarse con el rey y acompañarlo a cruzar el río. 16 Pero el benjaminita Simí hijo de Guerá, oriundo de Bajurín, se apresuró a bajar con los de Judá para recibir al rey David. 17 Con él iban mil benjaminitas, e incluso Siba, que había sido administrador de la familia de Saúl, con sus quince hijos y veinte criados. Éstos llegaron al Jordán antes que el rey 18 y vadearon el río para ponerse a las órdenes del rey y ayudar a la familia real a cruzar el Jordán. Cuando el rey estaba por cruzarlo, Simí hijo de Guerá se inclinó ante él 19 y le dijo:

—Ruego a mi señor el rey que no tome en cuenta mi delito ni recuerde el mal que hizo este servidor suyo el día en que Su Majestad salió de Jerusalén. Le ruego a Su Majestad que olvide eso. 20 Reconozco que he pecado, y por eso hoy, de toda la tribu de José, he sido el primero en salir a recibir a mi señor el rey.

21 Pero Abisay hijo de Sarvia exclamó:

—¡Simí maldijo al ungido del Señor, y merece la muerte!

22 David respondió:

—Hijos de Sarvia, esto no es asunto de ustedes, sino mío. Están actuando como si fueran mis adversarios. ¿Cómo va a morir hoy alguien del pueblo, cuando precisamente en este día vuelvo a ser rey de Israel?

23 Y dirigiéndose a Simí, el rey le juró:

—¡No morirás!

24 También Mefiboset, el nieto de Saúl, salió a recibir al rey. No se había lavado los pies ni la ropa, ni se había recortado el bigote, desde el día en que el rey tuvo que irse hasta que regresó sano y salvo. 25 Cuando llegó de Jerusalén para recibir al rey, éste le preguntó:

—Mefiboset, ¿por qué no viniste conmigo?

26 —Mi señor y rey, como este servidor suyo es cojo, yo quería que me aparejaran un asno para montar y así poder acompañarlo. Pero mi criado Siba me traicionó, 27 y ahora me ha calumniado ante Su Majestad. Sin embargo, Su Majestad es como un ángel de Dios y puede hacer conmigo lo que mejor le parezca. 28 No hay nadie en mi familia paterna que no merezca la muerte en presencia de mi señor el rey. A pesar de eso, Su Majestad le concedió a este servidor suyo comer en la mesa real. ¿Qué derecho tengo de pedirle algo más a Su Majestad?

29 El rey le dijo:

—No tienes que dar más explicaciones. Ya he decidido que tú y Siba se repartan las tierras.

30 —Él puede quedarse con todo —le respondió Mefiboset—; a mí me basta con que mi señor el rey haya regresado a su palacio sano y salvo.

31 También Barzilay el galaadita bajó al Jordán. Había viajado desde Roguelín para escoltar al rey cuando cruzara el río. 32 Barzilay, que ya era un anciano de ochenta años, le había proporcionado al rey todo lo necesario durante su estadía en Majanayin, pues era muy rico. 33 El rey le dijo:

—Acompáñame. Quédate conmigo en Jerusalén, y yo me encargaré de todo lo que necesites.

34 —Pero ¿cuántos años de vida me quedan? —respondió Barzilay—. ¿Para qué subir con el rey a Jerusalén? 35 Ya tengo ochenta años, y apenas puedo distinguir lo bueno de lo malo, o saborear lo que como y bebo, o aun apreciar las voces de los cantores y las cantoras. ¿Por qué ha de ser este servidor una carga más para mi señor el rey? 36 ¿Y por qué quiere Su Majestad recompensarme de este modo, cuando tan sólo voy a acompañarlo a cruzar el Jordán? 37 Déjeme usted regresar a mi propio pueblo, para que pueda morir allí y ser enterrado en la tumba de mis padres. Pero aquí le dejo a Quimán para que sirva a Su Majestad y lo acompañe a cruzar el río. Haga usted por él lo que haría por mí.

38 —Está bien —respondió el rey—, Quimán irá conmigo, y haré por él lo que me pides. Y a ti te daré todo lo que quieras.

39 La gente y el rey cruzaron el Jordán. Luego el rey le dio un beso a Barzilay y lo bendijo, y Barzilay volvió a su pueblo. 40 El rey, acompañado de Quimán y escoltado por las tropas de Judá y la mitad de las tropas de Israel, siguió hasta Guilgal. 41 Por eso los israelitas fueron a ver al rey y le reclamaron:

—¿Cómo es que nuestros hermanos de Judá se han adueñado del rey al cruzar el Jordán, y lo han escoltado a él, a su familia y a todas sus tropas?

42 Los de Judá respondieron:

—¿Y a qué viene ese enojo? ¡El rey es nuestro pariente cercano! ¿Acaso hemos vivido a costillas del rey? ¿Acaso nos hemos aprovechado de algo?

43 Pero los israelitas insistieron:

—¿Por qué nos tratan con tanto desprecio? ¡Nosotros tenemos diez veces más derecho que ustedes sobre el rey David! Además, ¿no fuimos nosotros los primeros en pedirle que volviera?

Entonces los de Judá les contestaron aun con más severidad.

REFLEXIÓN
Hambre y sed de victoria

Los más incrédulos y pesimistas con nuestros sueños y proyectos son en muchas ocasiones los miembros de nuestra familia cercana, nuestra propia sangre. Son implacables con sus juicios y con sus palabras nos desaniman y nos hacen dudar de nuestras capacidades, habilidades y talentos. Es de ellos de quienes esperamos más apoyo, pero a veces no contamos con él y esto no debe ser un obstáculo para quienes creen que, el Señor no los abandona y es quien los guía en el camino que han decidido emprender de su mano poderosa.

Que sus calumnias, palabras que parecen dardos de fuego amenazantes y su mirada fulminante que intimida no te detengan; debes aceptar que tú fuerza proviene de Dios y no de nadie en éste mundo. Confía en que Él no te fallará, que cree en ti, que te cuida y te respalda siempre y cuando sea su voluntad la luz en tu camino.

Poner la mirada fijamente en las cosas del cielo es la clave para no desviarse en el cumplimiento de tus sueños y metas. Todo aquello que para los hombres es imposible, es posible para Dios. Es grande, invencible, maravilloso, digno de admiración y créeme, puedes estar tranquilo, porque no te da la espalda ni te deja solo, cuando pases por el desierto o cuando te encuentres en el paraíso mismo, allí estará para levantarte cuando caigas, para animarte a avanzar cuando te resistas a hacerlo y para indicarte una pausa de manera oportuna para asegurar que llegues hasta el final, hasta donde Él quiere que tu llegues.

La mejor enseñanza que nos deja el Rey David en medio de sus pruebas, es la ausencia de quejas o inconformismo frente a los designios del Señor. Simplemente continuó, sin recriminarle sus decisiones, seguro de su sabiduría, de su poderío y majestad. Sin su favor, nada podría lograr, Dios era su faro, quien le indicaba el momento oportuno para actuar y para quedarse quieto y callar.

Todo proceso requiere un esfuerzo antes de cantar victoria. Nadie dijo que iba a ser fácil; debes ser fuerte y valiente, tomar para sí las palabras de afirmación y sacudirse el negativismo y pesimismo a tu alrededor. Discernir la voz de Dios en medio de tus dificultades, aprender a ver las circunstancias y las personas con el mismo amor que Él las ve; no guardar rencor, evitar los sentimientos de venganza y perdonar, es la forma correcta de demostrarle al Señor que valoramos su intervención divina en nuestros asuntos y le damos a Él la gloria y el honor por los logros alcanzados.

Alabanza sugerida

Canción: Grande y fuerte – Miel San Marcos

Ver video aquí: http://bit.ly/1Lc6KjY

OREMOS

Tengo un Dios poderoso y así lo declaro hoy. Sobre mi cabeza ha derramado grandes bendiciones, me guía en caminos de justicia y me salva de mis enemigos. La gloria y honra de mis victorias y de mis derrotas son sólo para Él, porque lo que soy, lo hago y lo que tengo, es por Él, con Él y para Él. Tú me conoces más que nadie, sabes a dónde quiero ir y las motivaciones de mi corazón cuando abro mis ojos cada mañana. Bendíceme con el dulce sabor de la victoria diaria, concédeme tu paz, tu amor y tu sabiduría en cada paso que dé. En el nombre de Jesús, amén.