Texto Bíblico

Éxodo 36: 8 – NVI

El santuario

“Todos los obreros con espíritu artístico hicieron el santuario con diez cortinas de lino fino y de lana púrpura, carmesí y escarlata, con querubines artísticamente bordados en ellas. 9 Todas las cortinas medían lo mismo, es decir, doce metros y medio de largo por un metro con ochenta centímetros de ancho. 10 Cosieron cinco cortinas una con otra, e hicieron lo mismo con las otras cinco. 11 En el borde de la cortina, en el extremo del primer conjunto, hicieron presillas de lana púrpura; lo mismo hicieron con la cortina que estaba en el extremo del otro conjunto. 12 También hicieron cincuenta presillas en una cortina, y otras cincuenta presillas en la cortina del extremo del otro conjunto, quedando las presillas unas frente a las otras. 13 Después hicieron cincuenta ganchos de oro y los usaron para sujetar los dos conjuntos de cortinas, de modo que el santuario tenía unidad de conjunto. 14 Hicieron un total de once cortinas de pelo de cabra para cubrir el santuario a la manera de una tienda de campaña. 15 Las once cortinas tenían las mismas medidas, es decir, trece metros y medio de largo por un metro con ochenta centímetros de ancho. 16 Cosieron dos conjuntos de cortinas, uno de cinco y otro de seis; 17 hicieron cincuenta presillas en el borde de la cortina del extremo de uno de los conjuntos, y también en el borde de la cortina del extremo del otro conjunto, 18 e hicieron cincuenta ganchos de bronce para unir la tienda en un solo conjunto. 19 Luego hicieron para la tienda un toldo de pieles de carnero teñidas de rojo, y sobre ese toldo pusieron otro de pieles de delfín. 20 Hicieron tablones de madera de acacia para el santuario, y los colocaron en posición vertical. 21 Cada tablón medía cuatro metros y medio de largo por setenta centímetros de ancho, 22 con dos ranuras paralelas entre sí. Todos los tablones del santuario los hicieron así: 23 Veinte tablones para el lado sur del santuario, 24 con cuarenta bases de plata que iban debajo de ellos, dos por cada tablón, una debajo de cada ranura; 25 veinte tablones para el lado opuesto, el lado norte del santuario, 26 con cuarenta bases de plata que iban debajo de ellos, dos por cada tablón, una debajo de cada ranura; 27 seis tablones para el extremo occidental del santuario, que era el más distante, y 28 dos tablones más para las esquinas del santuario en el extremo opuesto. 29 En estas dos esquinas los tablones eran dobles de abajo hacia arriba, pero quedaban unidos por un solo anillo. En ambas esquinas se hizo lo mismo, 30 de modo que había ocho tablones y dieciséis bases de plata, dos debajo de cada tablón. 31 También hicieron travesaños de madera de acacia: cinco para los tablones de un costado del santuario, 32 cinco para los tablones del costado opuesto, y cinco para los tablones del costado occidental, en la parte posterior del santuario. 33 El travesaño central lo hicieron de tal modo que pasaba de uno a otro extremo, a media altura de los tablones. 34 Recubrieron de oro los tablones, e hicieron unos anillos de oro para que los travesaños pasaran por ellos. También recubrieron de oro los travesaños. 35 La cortina la hicieron de lana púrpura, carmesí y escarlata, y de lino fino, con querubines artísticamente bordados en ella. 36 Le hicieron cuatro postes de madera de acacia y los recubrieron de oro, les pusieron ganchos de oro, y fundieron para ellos cuatro bases de plata. 37 Para la entrada de la tienda hicieron una cortina de lana teñida de púrpura, carmesí y escarlata, y de lino fino, recamada artísticamente, 38 y cinco postes con ganchos, para los que hicieron cinco bases de bronce; también recubrieron de oro los capiteles y los empalmes de los postes.”

Reflexión

La unión hace la fuerza

Me refiero a la unión entre Dios y nosotros. Una relación íntima y especial con Él, en donde la comunicación fluye, es constante y se nos es fácil obedecer al pie de la letra todas sus instrucciones. No nos cuesta nada, ejecutar TODO de acuerdo a sus deseos, porque confiamos 100% en nuestro Padre, y porque entendemos que al final la recompensa a nuestra fidelidad es enorme y no se puede describir.

Tenemos una causa que nos anima a hacer lo que Dios nos ha encomendado y es el amor, temor y temblor hacia lo que Él significa en nuestras vidas. Servirle es un privilegio, no una obligación y cuando hemos comprometido nuestra palabra frente a Él, no puede haber nada ni nadie que lo impida, porque reconocemos su soberanía y su gran poder, porque aprendemos a depender de su mano poderosa y porque sabemos que sin Él nada somos y nada logramos.

Cuando nos ocupamos de sus cosas, Él se ocupa de las nuestras, es una realidad, nuestro Señor es un caballero y además es agradecido, pero cómo está nuestra conciencia? ¿callada o reniega de tu condición de siervo, no le interesan sus intenciones y sin ningún tipo de escrúpulo, va por la vida ignorando aquello que le ha sido confiado y debe hacer sin esperar un minuto más?

Considero en verdad, que es nuestro deber cristiano no retar a Dios, obedecerlo sin dudar y creer en su Palabra, es la única manera de superar las pruebas y alcanzar la madurez espiritual que Él espera de nosotros.

 

Oremos

Padre amado, perdóname porque mi servicio ha sido limitado y conformista, porque me ha faltado más compromiso contigo y darle el valor que tiene la palabra dada en oración cuando te pedí que me hicieras tu siervo(a). Conozco los detalles y sé que debo seguirlos al pie de la letra, ayúdame a sopesar mis intereses personales y pensar en ti, en no defraudarte y en no soltar tu mano, para no cederle terreno importante al enemigo, tras la búsqueda de mis sueños. Te amo Señor y quisiera demostrártelo con más fuerza, en el nombre de Jesús, amén y amén.

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