Texto Bíblico

Génesis 49: 29 – 33 NVI

Muerte de Jacob 

«Además, Jacob les dio estas instrucciones: «Ya estoy a punto de reunirme con los míos. Entiérrenme junto a mis antepasados, en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Se trata de la cueva de Macpela, frente a Mamré, en la tierra de Canaán. Está en el campo que Abraham le compró a Efrón el hitita, para que fuera el sepulcro de la familia. 31 Allí fueron sepultados Abraham y su esposa Sara, Isaac y su esposa Rebeca, y allí también enterré a Lea. 32 Ese campo y su cueva se les compró a los hititas.» 33 Cuando Jacob terminó de dar estas instrucciones a sus hijos, volvió a acostarse, exhaló el último suspiro, y fue a reunirse con sus antepasados.»

Reflexión

La vida después de la muerte

¿Hay vida después de la muerte?, por Fe diría Sí, Jesucristo resucitó y las sagradas escrituras, nos hablan de un encuentro personal con Jesús cuando seamos llamados a estar en su presencia. Dejaremos nuestro cuerpo mortal, para comenzar una vida nueva en la eternidad junto a Él. Pero ésta verdad solo la comprobaremos cuando nos llegue el momento de partir, de ahí la importancia de acumular aquí en la tierra los tesoros que en el cielo, nos servirán para que se nos abran las puertas de par en par y podamos habitar allí, no solo con Jesús sino con aquellos que partieron antes que nosotros.

Jacob, muere en un momento de su vida, en donde ve cumplida la promesa de Dios en José, rodeado de sus hijos, en comunión con el Señor. Exhaló su último suspiro con la esperanza de lo eterno, con la ilusión de reencontrarse con sus seres queridos; ya le había entregado su vida a Dios, había sido transformado, cambiado, era maduro espiritualmente y morir en vez de traer angustia le hacía albergar paz en su corazón.

Al morir no tenemos más conocimiento de la vida aquí en la tierra, partimos en victoria cuando hemos tenido una vida que glorificó a Dios en todos los sentidos. No existe una conexión entre los muertos y los vivos y no somos dueños del conocimiento absoluto para afirmar lo que sucederá cuando ese momento llegue.

Lo único cierto, es que aunque no podemos explicar o entender completamente lo que sucederá después de morir, si podemos dejar una herencia a nuestros hijos maravillosa de sabiduría y conocimiento en la palabra de Dios, que les permita ser salvos y ser alcanzados por su gracia durante su tránsito por éste mundo.

Las cosas, inclusive nuestra muerte funcionan bien cuando Dios es nuestra prioridad, cuando tiene un lugar de prominencia en nuestra vida y hace parte activa de nuestras acciones, pensamientos, sentimientos y decisiones. Para el Cristiano la muerte es victoria, significa pasar toda una eternidad al lado del creador, experimentar paz, profundo amor, tranquilidad, todo es alegría, ya no habrá dolor, angustia, ni enfermedad, tendremos la oportunidad de estar en un lugar perfecto, un paraíso en donde lo oscuro queda atrás.

Nuestro tránsito por éste mundo es temporal, cuando sabemos a dónde vamos, conocemos que el camino que debemos tomar, es el de la verdad, la justicia, la obediencia, la alabanza y la adoración en perfecto equilibrio, como exigencia diaria de parte de Dios, como muestra de nuestra fidelidad hacia Él.

Les comparto una canción que me encanta y me hace soñar con el día que deje éste mundo para encontrarme frente a frente con el Señor. Anhelo verlo, sentirlo, ver su sonrisa de aprobación, tomarlo de la mano y decirle cuanto había esperado el momento de susurrarle al oído que lo amo. El tema se llama “Cielo” de la banda Tercer Cielo y Manny Montes, disfruten de una letra que nos deja ver lo que sucederá después de la muerte, si crees en aquel que quiere lo mejor para ti hoy y siempre.

 

Oremos

Padre amado, no hay nada que anhele más, que poder encontrarme contigo en la eternidad, con la seguridad de haber cumplido mi propósito en ésta tierra. Bendice mi caminar en éste mundo y concédeme caminar en justicia y en verdad, para que mi familia y yo podamos disfrutar de la vida eterna junto a ti. Te amo con todas mis fuerzas. En el nombre de tu amado hijo Jesús, Amén.