El domingo pasado estábamos celebrando el cumplimiento de la profecía escrita en Zacarías 9:9, donde el justo, salvador y humilde entraba a Jerusalén de manera triunfal y los hijos de Sion daban voces de júbilo, el más conocido como domingo de ramos.

De este hecho maravilloso y datado en Mateo 21:7-9 NVI, podemos extractar dos cosas, la primera que el Señor se encarga de cumplir al pie de la letra sus profecías, porque ÉL no es hombre para mentir (Números 22:19 NVI) y segundo que los mismos que ayer gritaban y vociferaban a garanta a reventar  ¡Hosanna al Hijo de David!, ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! y ¡Hosanna en las alturas! Unos días más tarde lo estaban crucificando.

Para nosotros este comienzo de la Semana Santa debe ser una conmemoración importante. Importante porque es el cumplimiento de la profecía que tiende el puente entre nosotros, la humanidad caída, y aquel que habita en luz inaccesible. Es el rompimiento de ese manto que separaba el lugar santísimo del resto del templo y la llegada de nuestra salvación por medio del sacrificio del cordero perfecto.

Que sea importante por lo que significa y por favor no utilicemos esta fecha para comportarnos como aquellos que ayer aclamaban, vitoreaban y alababan y hoy abandonaban, humillaban y escupían a aquel  que nunca pecó y que se entregó de manera humilde y voluntaria por nosotros para nuestro rescate.

No nos quedemos en la crucifixión, celebremos la resurrección del aquel que está sentado en el Trono y comportémonos como a ÉL le gusta que nos comportemos en hechos y pensamientos y demos luces de lo que ÉL ha hecho en nuestro corazón que se antes se encontraba en tinieblas.

Siempre en Cristo Jesús, Amén.

Escrito por Alejandro Vargas para www.conectadosconcristo.com