“Pero a esa parte restante la pasaré por el fuego; la refinaré como se refina la plata, la probaré como se prueba el oro. Entonces ellos me invocarán y yo les responderé.
Yo diré: “Ellos son mi pueblo”, y ellos dirán: “El Señor es nuestro Dios”.
(Zacarías 13:9 NVI)

A nadie le gusta tener problemas, llorar por el dolor causado por terceras personas o experimentar grandes decepciones o preocupaciones por circunstancias que se salen de nuestro control. Una de mis canciones preferidas expresa que siempre hay una razón para celebrar. Que hoy tengas salud, respires con tranquilidad, tengas trabajo, un lugar en dónde resguardarse, que no falte la comida en tu casa o el que tengas una familia y amigos por quien orar y a quien bendecir, son suficientes motivos para agradecer al cielo cada día de vida concedido, sin importar lo que hoy te encuentres enfrentando.

Aprender a disfrutar la vida pareciera ser una pesada carga sobretodo cuando por unos cuántos obstáculos a nuestro paso, somos obligados a salir de nuestra zona de confort. Pero cuando decidimos aprovechar la oportunidad que Dios nos da de crecer, cambiar, capacitarnos y entrenarnos en medio de nuestras dificultades, nuestra perspectiva frente a las mismas cambia de manera sustancial.

En su palabra el Señor nos hace una invitación a gozarnos las pruebas al máximo (Santiago 1:2-3 NVI) y nos confirma que aun en medio de nuestra angustia, obra de una manera sobrenatural por el bien de quienes lo aman y siguen sus instrucciones. Nuestra fe es probada y nuestros talentos, destrezas y habilidades son fortalecidos cuando se nos exige un mayor esfuerzo de superación.

Para los que amamos a nuestro Padre Celestial, rendirnos no es una opción. Cuando nuestras fuerzas nos abandonan, el poder que proviene del cielo obra en nosotros. Cuando la duda nos abruma, Dios nos llena de confianza a través de sus promesas. Cuando la oscuridad nubla nuestro entendimiento, la sabiduría de su Santo Espíritu nos guía por senderos de victoria.

Todo es cuestión de actitud. Una posición de derrota nunca nos ayudará a cumplir nuestros sueños. Creemos que con quejarnos y expresar nuestro inconformismo nos sentiremos mejor pero no es así. La queja retrasa nuestra bendición y si somos soldados del ejército de Dios reaccionaremos con valentía y disposición para superar cada reto que quiera impedir nuestro avance hacia la meta.

La mejor decisión que hoy podemos tomar es aferrarnos al amor incondicional que a diario Él nos ofrece. No hablo de religiosidad, sino de construir una verdadera relación ganar- ganar con el creador de todo lo que hoy tenemos el privilegio de ver y sentir. Cuando lo conocemos en lo más íntimo de nuestro ser, llegamos a entender que sus planes no son de calamidad y que aunque la más abrupta tormenta amenace con hundirnos y derribarnos no logrará su cometido porque nuestra fe y confianza en Él, será la más poderosa y efectiva arma que podremos empuñar en contra de la adversidad.

“Así de dulce sea la sabiduría a tu alma; si das con ella, tendrás buen futuro; tendrás una esperanza que no será destruida”.
(Proverbios 24:14 NVI)

Escrito por lilo de Sierra para www.conectadosconCristo.com