La vida cristiana debería caracterizarse por una relación íntima con Dios, una relación que debe superar ampliamente cualquier relación que tengamos con otros humanos sobre la tierra, sin descuidar las mismas. Sin embargo, vivimos esa relación de intimidad de una forma ligera, austera, sin profundidad. Considerando lo anterior, ¿podríamos tener una relación íntima con Dios que se caracterice por su ligereza?

La respuesta a esta pregunta es NO. Lo cierto es que el creyente entra en una relación de intimidad con Dios, desde el momento en el cual es llamado hijos de Dios, es decir cuando desde una perspectiva familiar, y muy íntima, le podemos llamar Padre (¡todo un privilegio!).

Sin embargo, en muchas ocasiones consideramos que basta con leer las escrituras, tener un tiempo devocional, o un tiempo de oración (tipo monólogo), asistir a nuestras congregaciones el domingo, para pensar que de esta forma cultivamos una relación íntima con Dios.

La intimidad no entiende de atajos, no podemos cultivar una relación con Dios de manera rápida, sin ejercitar el diálogo diario, el cual implica una conversación con otro, un proceso activo de escucha, que además requiere una conexión especial con la Palabra, la comunidad y ciertas disciplinas espirituales.

Cristo, quién siente la libertad de llamar a Dios su Padre, junto a algunos de sus discípulos oye la voz de Dios: “Mientras Pedro hablaba, una nube brillante los envolvió y desde la nube se escuchó una voz que dijo: «Este es mi Hijo amado con el que estoy muy contento. ¡Escúchenlo!»” Mateo 17:5 – PDT

Por otro lado Dios, quién llama Hijo amado a Jesús, nos llama de forma privilegiada de la misma forma: “Pero a los que lo aceptaron y creyeron en él, les dio el derecho de ser hijos de Dios.” Juan 1:12 – PDT

Ahora bien, ese privilegio de ser hijos de Dios nos lleva a considerar otros tantos versículos relacionados con poder ser llamados hijos de Dios.

·         “Afortunados los que se esfuerzan por conseguir la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” Mateo 5:9 – PDT

·         “Pero yo les digo que amen a sus enemigos y pidan en sus oraciones por los que los persiguen. De esta forma, ustedes serán hijos de su Padre que está en el cielo […]” Mateo 5:44-45a – PDT

·         “Cambien su manera de pensar y de vivir y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo. Así Dios les perdonará sus pecados y recibirán el Espíritu Santo como regalo. Esta promesa es para ustedes, para sus hijos y para todos los que están lejos […]” Hechos 2:38-39 – PDT

·         “Por ser hijos de Dios recibiremos las bendiciones que Dios tiene para su pueblo. Dios nos dará todo lo que le ha dado a Cristo, pero también tenemos que sufrir con él para compartir su gloria.” Romanos 8:17 – PDT

Tras del hecho de ser llamados hijos de Dios existen derechos, deberes, regalos, llamados, y hasta consecuencias, todo ligado con la expresión del Reino de Dios y la movilización (predicación) del evangelio. Es por ello que es necesario asumir con entereza, compromiso y dedicación, el hecho de ser cristianos. Esto requiere vivir una vida íntegra, comprometida con los valores del Reino, una vida que acuda a la dependencia que se cultiva en la intimidad con Dios para caminar, vivir y cumplir con sus mandamientos.

Finalmente, considera que no podemos declararnos hijos de Dios, sin aceptar y creer en Cristo, debido a que lo uno implica los otros. Si aún no sientes que puedes ser llamado hijo de Dios hazte dos preguntas:

1.       ¿Has aceptado a Cristo en tu vida?

2.       ¿Crees en Cristo?

3.       ¿Caminas como Él?

Si quieres ser llamado hijo de Dios considera nuevamente lo que la Biblia dice: “Pero a los que lo aceptaron y creyeron en él, les dio el derecho de ser hijos de Dios.” Juan 1:12 – PDT

Si aceptaste a Cristo en tu corazón y crees en él, has tenido el privilegio de ser adoptado por el Padre (Efesios 1:5), vas por buen camino; ahora recuerda andar como Él anduvo, es decir en integridad, en santidad, en obediencia, disfrutando la vida, superando retos, siempre dispuesto a servir a otros, entre otras cosas (lee 1 Juan 2:1-17). Busca un lugar privado en el cual puedas tener un diálogo con nuestro Padre, busca una Biblia y una iglesia cercana en la cual te acompañen en este nuevo camino, e inicia la mejor aventura de tu vida.

¡Felicidades hermano, felicidades hermana!

¡Hoy te bendigo!

Escrito por Jonathan González – @achristian_walk – para www.conectadosconcristo.com