Texto bíblico

Génesis 25: 1 – 11 (NVI) Muerte de Abraham «Abraham volvió a casarse, esta vez con una mujer llamada Cetura. 2 Los hijos que tuvo con ella fueron: Zimrán, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súaj. 3 Jocsán fue el padre de Sabá y Dedán. Los descendientes de Dedán fueron los asureos, los letuseos y los leumeos. 4 Los hijos de Madián fueron Efá, Éfer, Janoc, Abidá y Eldá. Todos éstos fueron hijos de Cetura. 5 Abraham entregó todos sus bienes a Isaac. 6 A los hijos de sus concubinas les hizo regalos y, mientras él todavía estaba con vida, los separó de su hijo Isaac, enviándolos a las regiones orientales. 7 Abraham vivió ciento setenta y cinco años, 8 y murió en buena vejez, luego de haber vivido muchos años, y fue a reunirse con sus antepasados. 9 Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpela, que está cerca de Mamré, es decir, en el campo del hitita Efrón hijo de Zojar. 10 Éste era el campo que Abraham les había comprado a los hititas. Allí lo enterraron, junto a su esposa Sara. 11 Luego de la muerte de Abraham, Dios bendijo a Isaac, hijo de Abraham, quien se quedó a vivir cerca del pozo de Lajay Roí».

Reflexión

Se nos acaba el tiempo Abraham nos da ejemplo al dejar en vida todo resuelto respecto a su familia. Determina con la autoridad que Dios le ha dado, la herencia que dejaría a cada uno de sus hijos, manteniendo las condiciones ideales, para que la promesa dada a Isaac se cumpliera de la mejor forma posible. Entrega sus bienes a su primogénito, cubriendo de igual manera a sus otros hijos. Separa a los hijos de sus concubinas de Isaac, para darles libertad de cimentar sus propias tribus y pueblos, en tierras distintas, y quizás, para evitar las confrontaciones que entre hermanos y familiares suelen darse después de que muere la cabeza del hogar. Nada en ésta tierra se nos es dado, sin que Dios así lo quiera. Abraham tuvo numerosa descendencia, tal y como el Señor se lo había prometido, aún después de la muerte de Sara, y en edad avanzada, lo que sigue demostrando la soberanía de Dios sobre nosotros y su gran poder de hacer realidad lo que es humanamente imposible. Qué bueno que nos sea concedido vivir muchos años, ver a nuestros hijos crecer y haber cumplido nuestra misión de establecer un legado en el corazón de cada uno de ellos, que honre a Dios. Nuestro actuar, mientras estamos vivos, corresponde a la bendición que el Todopoderoso derramará sobre ellos, tal y como lo hizo con Isaac. Nuestros esfuerzos deben estar enfocados, no solo a brindar la seguridad económica, sino a la cimentación de principios, valores, conocimiento de Dios y el fortalecimiento en amor de las relaciones entre los miembros de nuestra familia, para ver así cumplida, la promesa de nuestro padre, de generación en generación, a través de los cimientos de unidad, respeto y paz que podamos establecer con nuestro ejemplo.

Oremos

Señor, quisiera permanecer digno delante de ti, oriéntame, para que mi herencia, sea una herencia de amor, paz y seguridad en ti. Mi corazón te pertenece y no hay nada que anhele más, que terminar mis días y poder ver una sonrisa de aprobación en tu rostro, que tenga como recompensa, las bendiciones del cielo, para cada uno de mis hijos. Gracias porque tu amor, cubre mis errores, por perdonarme, por tu piedad y misericordia, al concederme el tiempo necesario para transmitir tus principios y valores a través de mi ejemplo de vida. Te pido, que me ayudes en el propósito de ver cumplida la promesa, de tener una descendencia a tu servicio, temerosa de ti y cumplidora de la palabra. Te amo mi Dios lindo, en el nombre de tu amado hijo Jesús. Amén y amén.