Texto bíblico

Génesis 27:41-46 (NVI) Jacob huye de Esaú “41 A partir de ese momento, Esaú guardó un profundo rencor hacia su hermano por causa de la bendición que le había dado su padre, y pensaba: «Ya falta poco para que hagamos duelo por mi padre; después de eso, mataré a mi hermano Jacob.» 42 Cuando Rebeca se enteró de lo que estaba pensando Esaú, mandó llamar a Jacob, y le dijo: —Mira, tu hermano Esaú está planeando matarte para vengarse de ti. 43 Por eso, hijo mío, obedéceme: Prepárate y huye en seguida a Jarán, a la casa de mi hermano Labán, 44 y quédate con él por un tiempo, hasta que se calme el enojo de tu hermano. 45 Cuando ya se haya tranquilizado, y olvide lo que le has hecho, yo enviaré a buscarte. ¿Por qué voy a perder a mis dos hijos en un solo día? 46 Luego Rebeca le dijo a Isaac: —Estas mujeres hititas me tienen harta. Me han quitado las ganas de vivir. Si Jacob se llega a casar con una de las hititas que viven en este país, ¡más me valdría morir!”

Reflexión

Si mi siembra es negativa, mi cosecha es despreciable Actuar con incredulidad al no creer que Dios cumple sus promesas, traerá con el pasar del tiempo amargura a nuestro corazón. El engaño de Jacob y Rebeca en contra de Esaú e Isaac, traería funestas consecuencias para la familia. Esaú casado con dos mujeres paganas y lleno de rencor y odio hacia su hermano y a lo mejor hacia su madre, esperaba el día de la muerte de su padre, para matar a su propia sangre y así vengar lo sucedido. Rebeca, para salvar la vida de su hijo favorito al conocer los planes de Esaú, y tratando de evitar a toda consta que Jacob, cometiera el mismo error de Esaú, de unir su vida a alguna mujer hitita, lo envía a donde su hermano Laban. Como mamá, guardó la esperanza de la reconciliación, los amaba, no quería perderlos a ambos, pero eso era inevitable, su relación con Esaú estaba totalmente rota, y a Jacob, no lo volvería a ver, porque el periodo corto de tiempo al que se refirió, se extendió a 20 largos años. Jacob, sufriría en casa de su tío, las consecuencias de sus acciones. Viviría en carne propia lo que se siente ser vilmente engañado. Si fraguamos el mal, si nuestro actuar no es el correcto, si le hacemos daño a nuestro prójimo, nada de eso quedará impune. El Señor en su justicia nos hará pagar cada lágrima, cada dolor causado, cada caída propiciada y hará de nuestra culpabilidad a causa de nuestro pecado, un arma letal de enseñanza e instrucción. Con temor y temblor, debemos medir cada paso que demos, porque de allí se desprenderán bendiciones y maldiciones para nuestra vida. Del Señor nadie se burla, y de lo que sembremos, eso mismo habremos de cosechar. Si sembramos odio, rencor, desidia, tristeza, Impaciencia, Indiferencia, ansiedad, egoísmo, vanidad, arrogancia y orgullo entre otros muchos sentimientos negativos que existen, le damos el poder a nuestro enemigo el diablo, de hacer que en nuestro presente y nuestro futuro se siembre una raíz de amargura, de la cual será muy difícil librarnos. Eres el único que tiene en sus manos, cambiar lo que hasta ahora ha sido tu vida. Nadie tomará esa decisión por ti, ni siquiera Dios. El querer disfrutar de una vida abundante en Cristo, es una decisión voluntaria y personal, que implica, hacer el bien aunque te hagan el mal, desear para los demás lo mejor, aunque te hayan herido de muerte, y permitir que sea el amor, la paz, la unión, la honestidad, el perdón y la reconciliación, las que gobiernen, en todo lo que hoy emprendas.

Oremos

Padre amado, clamo a ti para que el perdón, reine en mi corazón, para dejar en el pasado, las acciones que otras personas hayan emprendido para dañarme y hoy decido en el nombre de Jesús, que seré libre al impedir que sea el odio, el rencor y los sentimientos de venganza los que gobiernen mi vida. Perdona a aquellos que han tratado de hacerme caer y bendícelos, porque así mismo, habré yo de recibir bendiciones del cielo para mí y mi familia. Gracias Señor, por sostenerme y traer a mi pensamiento todo lo bueno que tienes para mí. En el nombre de Jesús Amén y amén.