“¿Por qué me llaman ustedes “Señor, Señor”, y no hacen lo que les digo? Voy a decirles a quién se parece todo el que viene a mí, y oye mis palabras y las pone en práctica: Se parece a un hombre que, al construir una casa, cavó bien hondo y puso el cimiento sobre la roca. De manera que cuando vino una inundación, el torrente azotó aquella casa, pero no pudo ni siquiera hacerla tambalear porque estaba bien construida. Pero el que oye mis palabras y no las pone en práctica se parece a un hombre que construyó una casa sobre tierra y sin cimientos. Tan pronto como la azotó el torrente, la casa se derrumbó, y el desastre fue terrible.” (Lucas 6:46-49 NVI)

Mi nombre es Liliana Fragozo Sarmiento, mis amigos, me llaman Lilo de Sierra. Soy una mujer espontánea, honesta, responsable, echada para adelante, de carácter fuerte, hija de Dios y soñadora…especialmente eso, soñadora…

Tengo muchos defectos, algunos de ellos, me han hecho resbalar a lo largo de mis 37 años de vida, y reaccionar de manera equivocada a muchas situaciones que vivo diariamente. Ustedes podrían pensar, que soy la más Cristiana de las Cristianas, y que en el 100 por ciento de las experiencias que se me presentan, actúo tal y como Dios quiere que lo haga, pero no es así, también me equivoco, pero al final, sé quién es mi ayudador, mi consolador y el único que puede rescatarme, mi Dios, mi todo, el que me guía y me orienta a lugar seguro, esa es la diferencia.

Para escribir sobre éste tema, investigué sobre cómo se construye el cimiento de una casa y encontré, que es lo más importante del proyecto, porque es lo que soportará las cargas dinámicas y estáticas que se puedan presentar, evitando el hundimiento del suelo y las posteriores grietas y fisuras que éste impase pudiera generar. Antes de construirla, es necesario estudiar el terreno previamente y calcular la profundidad para que ésta sea la justa, para determinar la resistencia del suelo y el tamaño de la carga a soportar. La premisa es sencilla, cuanto más profundo se cave, la tierra estará más compacta y la casa no se caerá tan fácilmente.

Bueno, has la analogía, cada área de tu vida  es una casa a construir. Cuando se presentan los problemas, es cuando ves qué tipo de cimiento tienes en cada una de ellas.

Has construido sobre la arena, si llevas una vida inestable, sientes que no hay respuesta, ni cambio en algunas de esas áreas. Quitas la maleza, pero con el tiempo, esa maleza vuelve a crecer y te desanimas fácilmente, llega el problema y sientes desfallecer, pensando que huir de esa situación es tu mejor salida. No avanzas, estás inmerso en una arena movediza que te hunde cada día más.

El fruto que das, es el que refleja el cimiento en el que está construida tu vida: “Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” (Gálatas 5:16-2 NVI)

Quieres cosechar bendiciones, pero día a día, edificas, sin cambiar el cimiento: fornicación, pornografía, masturbación, morbo a la hora de hablar, miradas hacia el sexo opuesto cargadas de pecado, infidelidad, discusiones, faltas de respeto continuas, agresividad, mentira, vicios, grosería, es lo que domina tu existir. Todas estas cosas traen una aparente satisfacción  por evocar lo prohibido, el placer de lo oculto, lo escondido, pero a la larga traen, ruina, esclavitud y destruyen lo poco o mucho que hayas logrado construir, robándote la paz y todas tus bendiciones.

Prefieres agradarle al mundo, antes que a tu creador. Culpas a otros incluyendo a Dios, Justificas tus acciones, te mientes a ti mismo, pero hay una realidad irrefutable, puedes esconderte de quienes están a tu alrededor, pero de Dios no, porque solo Él  puede examinar tu corazón. Para edificar sobre la roca, es necesario tener a Cristo en el corazón, no es solo creer en Él, sino vivir para Él, es decidir no llevar una vida carnal. El Cristianismo no es solo congregarte, recibir consejería, leer la biblia y ayunar, es vivir todas esas cosas, ser sincero y honesto delante de Dios, dando un testimonio real de lo que profesas. Edificar sobre la roca lleva tiempo, porque hay que cavar hondo y se necesitan disciplinas que te brinden estabilidad.

“En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas. Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu.” (Gálatas 5:16-25 NVI)

Para que tu vida sea edificada sobre un cimiento fuerte, debes tomar decisiones radicales, que te permitan crucificar  lo que sea que estás haciendo, que ofende a Dios, podrás disfrutar de una buena cosecha, a través de un crecimiento continuo, dejándote guiar por Dios, sin recriminarle, en la quietud de su amor, porque las pruebas, se seguirán presentando, pero sólo de su mano permanecerás en pié.

El mundo está lleno del normal, si quieres subir un nivel más, deberás cavar más profundo, de la siguiente manera:

  1. Hacerte fuerte a través de la oración (1 Reyes 22:5-7 NVI), no solo orar cuando tengas problemas, sino para TODO, colocar delante de Dios tus debilidades, es Él quien tiene los recursos, la gracia, el poder para fortalecerte, y está dispuesto a ayudarte cuando lo necesites…sólo búscalo (Mateo 7:8)
  2. Crear hábitos espirituales. Orar, leer la biblia, congregarse, ayunar, perdonar, obedecer, manejar los conflictos a la manera de Dios, es allí en donde se edifica realmente tu vida. Son los principios y parámetros con los que de ahora en adelante regirás tus acciones. Adquirir una disciplina no es fácil y toma tiempo, es romper con un hábito anterior, entrenarse diariamente, hasta que se haga parte de ti. Cambiar los hábitos carnales por los espirituales, es la única manera para poder recibir bendiciones (Hebreos 12:11 NVI).
  3. Usar las palabras correctas. Permitir en los diálogos que sostienes con otras personas, críticas destructivas, el hablar mal de otros, proferir insultos, gritos, groserías, trae maldición a tu vida y a las personas que te rodean. Es necesario cambiar sutilmente la conversación, alejarse, dominarse antes de traer destrucción. Recuerda que Dios nos ha otorgado el poder de elegir entre la bendición y la maldición, es nuestra decisión y responsabilidad lo que sale de nuestra boca (Efesios 4:29 NVI).

Como les decía al principio, soy una soñadora, sueño con el día  en el que al ser llamada a rendir cuentas, sea Jesús quien me apruebe a través de su sonrisa. Sueño, con que no me cueste obedecer, criticar, juzgar, o tratar de cambiar el universo a punta de Bibliazos, sino que mi actitud, mi vida, mi testimonio como una persona  íntegra y respetuosa, logre impactar el mundo. Sueño, con que cada día, sea la oportunidad de ser mejor para el Señor, en ayudar sin señalar, en dar fruto para cambiar corazones de piedra, en corazones enamorados de Dios.

Hoy, es un día en el que te invito a reflexionar  sobre tus metas, sobre hacia dónde quieres llevar tus sueños, tu matrimonio, tu noviazgo, tu trabajo, tu hogar. Es hora de trabajar en un sólido proyecto de vida, en el que hagas un inventario de metas y definas cómo las vas a lograr. No es suficiente con hacer la lista, debes ir más allá, analizar en dónde estás parado, en dónde está edificada tu vida, si está sobre la roca o sobre arena, porque del cimiento sobre el que construyas tus sueños, dependerá que se hagan realidad.

¿CUÁLES SON TUS SUEÑOS?, ¿EN DÓNDE ESTÁS PARADO?, ¿ESTAS DISPUESTO A CAMBIAR TU REALIDAD?…¡PUEDES LOGRARLO!

“Si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos. [Jesús respondió] —¿Cómo que si puedo? Para el que cree, todo es posible. ” (Marcos 9:22-23 NVI)