En nuestro andar cristiano encontramos de todo. Hay muchas personas listas a darnos consejos, a guiarnos y concedernos lo que ellos consideran las soluciones a nuestros problemas. Yo mismo he sido uno de esos y debo admirar el corazón de amor con el que se hace en la mayoría de las veces ¿Pero realmente somos lo que estamos aconsejando o solo es teoría barata que no tiene ningún impacto sobre nuestras propias vidas? El tema es que si queremos ser luz podemos hablar muy lindo, pero esos serán simples susurros pues lo que grita por encima de nuestra voz son nuestros resultados, lo que somos, las cosas que hemos alcanzado con lo que decimos saber y si lo uno no es coherente con lo otro estamos perdiendo el tiempo y dañando a los que nos rodean.

Este artículo es claramente una autocrítica a la comunidad cristiana a la cual pertenezco. Yo mismo he tenido que entender esto que un día sentí que Dios me revelaba: no puedes hablar de algo que no es vida en ti. Existen muchas cosas que podría escribir en mis artículos, pero te soy sincero, no me atrevo a hablar de cosas por las cuales no estoy pasando o no he salido victorioso. No podría hablarte de prosperidad si no la he hallado o de crecimiento espiritual y personal si no he tenido victorias en ello. Sin embargo, a veces noto que en nuestro mundo cristiano se mueve mucha teoría que no ha sido hecha vida en las personas que lo hablan.

Como siempre te dejo un reto, este es el de esta semana y es convertirte en la prueba de todo lo que Dios ha puesto en tu corazón. Tus resultados gritan mucho más fuerte que tus lindos consejos y podemos causar daño en personas que apenas conocen de Dios por esto mismo. Hace un tiempo me pasó algo que quiero contarte rápidamente y me hace escribir este artículo que tiene el único fin de que crezcamos, no es crítica dañina que busca destruir. Quiero que quede claro. Una persona que conozco, a la que he escuchado hablar del amor de Dios, de su gracia y la misericordia que nos ha entregado como hijos nos pidió a mi esposa y a mí un favor. Necesitaba una señora que le ayudara con los oficios de su casa. A través de una amiga muy cercana conectamos a una señora que necesitaba trabajo con nuestra amiga. Un tiempo después mi esposa se cruzó con la señora y le preguntó cómo iba en su nuevo trabajo a lo que respondió: “No señora, qué pena, por allá yo no vuelvo”. Mi esposa al indagar se dio cuenta que el trato que recibió no fue lleno de amor ni de gracia ni de misericordia por lo cual se reusaba a volver a la casa de nuestra amiga. Tú llega a tus propias conclusiones. No quiero juzgar a través de esta historia, solamente mostrarte cómo es de dañino no tener coherencia, hablar de algo que no posees, un resultado que no tienes.

Quiero finalizar pidiéndote que analices cada cosa que hablas para que no quedes en ridículo y dañes a otros. No te imaginas cuantos hijos de pastores conozco que están perdidos o su corazón fue muy dañado. ¿Por qué? Porque la voz de sus padres susurraba, pero sus resultados gritaban. Cuántas personas que no quieren conocer de Dios ¿Por qué? Porque quien les habló no tenía el ejemplo y resultó haciendo un daño peor. Por eso tenemos que conectar nuestra voz a nuestros resultados. No hablemos de algo que no tenemos, pero esforcémonos por ser referentes a futuro de eso. ¡Si se puede!

Quiero cerrar agradeciendo a todos los que me han escrito en Colombia y otros países y me han motivado a seguir escribiendo. ¡Esa ha sido la voz de Dios motivándome! ¡Gracias por ser el amor de Dios, por ser su voz! Los valoro muchísimo.

¡Bendiciones emprendedor! Escrito por David Andrés Rincón para www.conectadosconcristo.com