TEXTO BÍBLICO
Jeremías 4: 5-31 NVI

“La amenaza del norte

5 »¡Anúncienlo en Judá,
proclámenlo en Jerusalén!
¡Toquen la trompeta por todo el país!
Griten a voz en cuello:
“¡Reúnanse y entremos
en las ciudades fortificadas!”
6 Señalen a Sión con la bandera;
¡busquen refugio, no se detengan!
Porque yo traigo del norte
calamidad y gran destrucción.
7 Un león ha salido del matorral,
un destructor de naciones se ha puesto en marcha;
ha salido de su lugar de origen
para desolar tu tierra;
tus ciudades quedarán en ruinas
y totalmente despobladas.
8 Por esto, vístanse de luto,
laméntense y giman,
porque la ardiente ira del SEÑOR
no se ha apartado de nosotros.
9 »En aquel día desfallecerá
el corazón del rey y de los jefes;
los sacerdotes se llenarán de pánico
y los profetas quedarán atónitos»,
afirma el SEÑOR.
10 Yo dije: «¡Ah, SEÑOR mi Dios,
cómo has engañado a este pueblo y a Jerusalén!
Dijiste: “Tendrán paz”,
pero tienen la espada en el cuello».
11 En aquel tiempo se les dirá
a este pueblo y a Jerusalén:
«Desde las estériles lomas del desierto
sopla un viento abrasador
en dirección a la capital de mi pueblo.
No es el viento que sirve para aventar
ni para limpiar el trigo;
12 el viento que haré venir
es demasiado fuerte para eso,
porque yo mismo
dictaré sentencia contra ellos».
13 ¡Mírenlo avanzar como las nubes!
¡Sus carros de guerra parecen un huracán!
¡Sus caballos son más veloces que las águilas!
¡Ay de nosotros! ¡Estamos perdidos!
14 Jerusalén, limpia de maldad tu corazón
para que seas salvada.
¿Hasta cuándo hallarán lugar en ti
los pensamientos perversos?
15 Una voz anuncia desgracia
desde Dan y desde las colinas de Efraín.
16 «Adviertan a las naciones,
proclámenlo contra Jerusalén:
“De lejanas tierras vienen sitiadores
lanzando gritos de guerra
contra las ciudades de Judá”.
17 La rodean como quien cuida un campo,
porque ella se rebeló contra mí
—afirma el SEÑOR—.
18 Tu conducta y tus acciones
te han causado todo esto.
Esta es tu desgracia. ¡Qué amarga es!
¡Cómo te ha calado en el propio corazón!»
19 ¡Qué angustia, qué angustia!
¡Me retuerzo de dolor!
Mi corazón se agita. ¡Ay, corazón mío!
¡No puedo callarme!
Puedo escuchar el toque de trompeta
y el grito de guerra.
20 Un desastre llama a otro desastre;
todo el país está devastado.
De repente fueron destruidos
los pabellones y las carpas donde habito.
21 ¿Hasta cuándo tendré que ver la bandera
y escuchar el toque de la trompeta?
22 «Mi pueblo es necio,
no me conoce;
son hijos insensatos
que no tienen entendimiento.
Son hábiles para hacer el mal;
no saben hacer el bien».
23 Miré a la tierra, y era un caos total;
miré a los cielos, y todo era tinieblas.
24 Miré a las montañas, y estaban temblando;
¡se sacudían todas las colinas!
25 Miré, y no quedaba nadie;
habían huido todas las aves del cielo.
26 Miré, y la tierra fértil era un desierto;
yacían en ruinas todas las ciudades,
por la acción del SEÑOR,
por causa de su ardiente ira.
27 Así dice el SEÑOR:
«Todo el país quedará desolado,
pero no lo destruiré por completo.
28 Por eso el país estará de luto,
y los altos cielos se oscurecerán,
pues ya lo dije, y no me retractaré;
lo he decidido, y no me volveré atrás».
29 Ante el ruido de arqueros y jinetes
huye toda la ciudad.
Algunos se meten en los matorrales,
otros trepan por los peñascos.
Toda la ciudad queda abandonada;
¡no queda un solo habitante!
30 ¿Qué piensas hacer, ciudad devastada?
¿Para qué te vistes de púrpura?
¿Para qué te pones joyas de oro?
¿Para qué te maquillas los ojos?
En vano te embelleces,
pues tus amantes te desprecian;
solo buscan tu muerte.
31 Oigo gritos como de parturienta,
gemidos como de primeriza.
Son los gemidos de la bella Sión,
que respira con dificultad;
que extiende los brazos y dice:
«¡Ay de mí, que desfallezco!
¡Estoy en manos de asesinos!»”

REFLEXIÓN

Una condición en cada promesa

Cada promesa viene acompañada de una condición. Preparar nuestro corazón para lo que está por venir es necesario. El mensaje del Señor es claro, si somos obedientes, Él nos bendecirá y nos protegerá sin importar las circunstancias.

Tendremos días malos y no por eso el amor de Dios hacia nosotros será más débil. Debemos responder por nuestra conducta y nuestras acciones. Si hacemos el mal, la desgracia tarde o temprano nos cubrirá, porque la disciplina de Dios es implacable y nada ni nadie puede evitarla.

Es por su gran amor que somos disciplinados. Nuestra insensatez nos lleva directo al abismo y es hora de cambiar el rumbo de nuestras vidas. Lo que fuimos debe quedar atrás y si Dios habita en nuestro interior, debemos permitirle tomar el control y que Él nos de una nueva dirección hacia el refugio de sus brazos en donde podemos estar a salvo y en paz.

¡No nos engañemos! la ira de Dios no se hace esperar, cuando actuamos fuera de su voluntad dañando todo lo bueno que Él nos ha entregado. Somos nosotros mismos quienes permanecemos estancados en el desierto por nuestras decisiones equivocadas; sin embargo, la esperanza radica en renovar nuestra mente, apartarnos del mundo que nos domina, en ser fuertes y valientes al decir ¡no! en el momento oportuno, en anhelar conocer al Señor de tal forma que podamos dar un fruto perdurable y ser luz para quienes nos rodean, en quitarnos la máscara que hoy cubre nuestro rostro y dejemos que la obra de Dios trascienda fuera de nosotros.

Rendirse no es una opción. Cada día es una oportunidad para empezar de nuevo. El resultado es importante, pero el proceso es lo que cuenta. Él ve nuestro esfuerzo y lo valora. Nos respalda durante la batalla, no nos deja solos y reconoce al guerrero que hay en ti, aunque creas que no eres digno o capaz de cumplir lo que Él te ha encomendado.

Alabanza sugerida
Canción: Admirable – Christine D’clario / Julio Melgar / Emanuel
Ver video aquí: https://bit.ly/2HtfeZY

OREMOS
Amado Dios, decido no rendirme porque te adoraré en medio de mis batallas. Estas conmigo y yo contigo hasta el final de mis días en esta tierra y en la eternidad también. Renueva mi mente y hazme una persona nueva. Reconozco que eres todopoderoso, amoroso y fiel. Soy fuerte y valiente porque tengo claro que permaneces junto a mí para darme la fuerza que necesito para cumplir tu voluntad, ser obediente y tener paz, mientras tu recompensa llega. Eres mi esperanza, mi principio y mi final. En el nombre de Jesús he orado, amén y amén.