Hay momentos y circunstancias que nos hacen olvidar quién es el dueño de nuestra vida y el dueño de todo lo que hay.  No recordamos quién es el soberano de este mundo y nos llenamos de preocupación y nos dejamos llevar por el afán de este mundo. En esta época se celebra el nacimiento de un Salvador del cual no todos le creen Señor de sus vidas, pero aun así celebran su nacimiento. Nació para dar su vida, cumplir con la ley y morir para llevar nuestros pecados a la cruz y de esta manera acercarnos al Padre.

Desde antes de la fundación del mundo el Señor tenía ya todo planeado; sabia por quiénes nacería, moriría y resucitaría Jesús. Su amor por nosotros hizo que enviara a Su único Hijo a padecer por nuestros pecados, dándonos el paso para ser sus hijos y vivir su vida en nosotros, haciendo de esta manera milagro tras milagro para tenernos cerca de Él. Podemos ver que para cumplir su palabra escogió a María, una mujer que había sido apartada por su padre para ser la esposa de José. Cuando vino el Espíritu Santo para engendrar al Hijo de Dios, ella aún no había conocido a José por lo tanto su marido podía repudiarla, al estar embarazada todos podían creer que había cometido adulterio e incluso que merecía la muerte. Pero María creyó, confíó en Dios, sabía que El cuidaría de ella.  “Así que pongan sus preocupaciones en las manos de Dios, pues él tiene cuidado de ustedes”  1 Pedro 5:7 (TLA)

Y así fue, Dios no permitió que José la repudiara, se le apareció y le revelo sus planes, su propósito para con el bebé que llevaba en el vientre María, entonces José la recibió y tomó el fruto de su vientre como su hijo. María y José reconocieron que Dios estaba al control de todo y que Jehová era su dueño. Muchas cosas debían ocurrir para que nuestro salvador viniera a este mundo, aparte padeció y sufrió para hacer la voluntad del Padre, la cual era darnos entrada a su reino, ser sus hijos y reflejar su gloria en este mundo.

Este es un buen tiempo para recordar y apoderarnos de lo que Dios hizo a través de Su Hijo y lo que desea que nosotros entendamos. El fin de Cristo para nuestras vidas es darnos salvación ante la muerte al pecado, pero a su vez, en medio de nuestra vida podamos darle a conocer, reflejando su gloria en medio de los problemas, dificultades y sufrimientos; comprendiendo que estamos en plena confianza de que Dios es quien tiene el control de todo lo que hay. Ahora podemos acercarnos a Él confiados, pues ha nacido y mora en nuestros corazones, nos da consolación y cubre todas nuestra necesidades tal y como lo ha hecho con todos sus hijos.

Es momento que nos levantemos y mostremos, reflejemos quien es realmente Dios. Te animo que en estas festividades puedas ser de testimonio para aquellos que celebran el nacimiento de Cristo sin entender quién es Él.

Escrito por Nina Gutierrez para www.ConectadosConCristo.com