TEXTO BÍBLICO

Salmos 63

Salmo de David, cuando estaba en el desierto de Judá.

“63 Oh Dios, tú eres mi Dios;
yo te busco intensamente.
Mi alma tiene sed de ti;
todo mi ser te anhela,
cual tierra seca, extenuada y sedienta.

2 Te he visto en el santuario
y he contemplado tu poder y tu gloria.
3 Tu amor es mejor que la vida;
por eso mis labios te alabarán.
4 Te bendeciré mientras viva,
y alzando mis manos te invocaré.

5 Mi alma quedará satisfecha
como de un suculento banquete,
y con labios jubilosos
te alabará mi boca.

6 En mi lecho me acuerdo de ti;
pienso en ti toda la noche.
7 A la sombra de tus alas cantaré,
porque tú eres mi ayuda.
8 Mi alma se aferra a ti;
tu mano derecha me sostiene.

9 Los que buscan mi muerte serán destruidos;
bajarán a las profundidades de la tierra.
10 Serán entregados a la espada
y acabarán devorados por los chacales.

11 El rey se regocijará en Dios;
todos los que invocan a Dios lo alabarán,
pero los mentirosos serán silenciados.

REFLEXIÓN

Vida en el desierto

El desierto es la zona más árida sobre la tierra, posee temperaturas extremas, no llueve y pese a la creencia popular de que es un lugar desolado, inhóspito y sin vida, alberga organismos especialmente adaptados a sus características y en ese paisaje agresivo para el ser humano, existen los oasis en dónde se puede encontrar agua y vegetación.

Metafóricamente hablando, los que hemos travesado desiertos en nuestra existencia, sabemos que son épocas muy duras, en las que no hay paz, nuestra vitalidad es inexistente y la alegría está ausente. Los problemas sobre nosotros nos abruman como el sol más abrasador y sentimos una inexplicable sed de Dios, como única fuente de salvación.

Al contemplar el poder de Dios sobre nosotros, saciamos nuestra necesidad espiritual de sentirnos seguros y confiados de que no existe tormenta de arena que pueda detener los planes que Dios ha trazado para nosotros. Estamos siendo moldeados por Él, para que algún día podamos darle gloria y honra como muestra de nuestro agradecimiento y nada ni nadie, posee la capacidad de destruir lo que en su soberanía ha dispuesto que suceda.

Somos victoriosos bajo su sombra, lo que hacemos tiene un propósito cuando entendemos los deseos de su corazón, cuando en medio del proceso nos aferramos a su esperanza y su luz. Pareciera que caminamos en la más dura soledad, pero no es así, la diestra de Dios es la que nos sostiene, su presencia es fuente de vitalidad para nuestra alma y es por esto, que aún permanecemos en pie, con la esperanza plena de un futuro mejor.


Alabanza sugerida:

Canción: Conmigo siempre estuviste – Radikl

Ver video Aquí: http://bit.ly/2wBfMsG

OREMOS

Señor me doy cuenta que en cada desierto que he tenido que atravesar, has estado allí; a mi lado, dándome motivos para seguir adelante y no desfallecer. Gracias Padre por tu infinito amor, por renovar mis fuerzas y sostenerme cuando más débil me he sentido. Eres fuente de vida para mi corazón, tú sacias mi sed y anhelo conocerte más cada día; soy afortunado(a) al saber que cuento contigo. Te bendigo y te amo; en el nombre de Jesús tu hijo amado, amén.