Texto Bíblico

Levítico 19: 19 – 25 NVI

Otras exigencias de la santidad

“19 »Cumplan mis estatutos: »No crucen animales de especies diferentes. »No planten en su campo dos clases distintas de semilla. »No usen ropa tejida con dos clases distintas de hilo. 20 »Si un hombre se acuesta con una esclava prometida a otro en matrimonio, pero que aún no ha sido rescatada ni declarada libre, a los dos se les impondrá el castigo debido, pero no se les condenará a muerte porque ella aún no ha sido declarada libre. 21 No obstante, el hombre deberá ofrecer al SEÑOR un carnero como ofrenda por su culpa. Lo llevará a la entrada de la Tienda de reunión, 22 y el sacerdote hará expiación ante el SEÑOR por el pecado cometido. De este modo su pecado le será perdonado. 23 »Cuando ustedes entren en la tierra y planten cualquier clase de árboles frutales, durante tres años no comerán su fruto, sino que lo considerarán inmundo. 24 En el cuarto año todo su fruto será consagrado como una ofrenda de alabanza al SEÑOR, 25 y en el quinto año ya podrán comer de su fruto. De este modo aumentarán sus cosechas. Yo soy el SEÑOR su Dios.”

Reflexión

Vida o muerte…¡Tú decides!

¿Qué quiere Dios de nosotros?, obediencia. Que cumplamos sus estatutos para nuestro bien y el de las personas que nos rodean. Nuestro llamado a la santidad hace referencia a estar dispuestos a hacer lo que Él nos demanda en su Palabra, con plena confianza en que por amor, nos guía por senderos de justicia hacia sus brazos.

Ser santos también implica el debido cuidado que debemos tener sobre los recursos naturales. Dios creó el mundo, para que viviéramos de tal manera que no nos faltara nada, que estuviéramos cómodos, tranquilos y felices. Las tierras más fértiles, el agua y la gran diversidad de animales, fueron creados por el Señor para suplir nuestras necesidades, son un verdadero tesoro para nosotros, porque de ellos depende nuestra subsistencia.

En los últimos años, nos hemos dedicado a derrochar y sobreexplotar esos recursos, produciendo consecuencias muy graves para nuestro planeta. No en vano, sufrimos la escases de un recurso vital como el agua, respiramos aire contaminado que daña el funcionamiento de nuestro cuerpo, hay especies de fauna y flora declaradas en extinción y nos estamos enfrentando a los estragos que el cambio climático está causando alrededor del mundo, siendo el hombre el único responsable, porque desde el principio fue designado para cuidar y trabajar la tierra, de acuerdo a lo establecido por el Padre y no lo ha hecho de una manera correcta.

No pensemos en el hoy, preguntémonos en cuál es el mundo que queremos para las generaciones venideras. Uno como el que se muestra continuamente a través de la industria del cine, en el que abunda la oscuridad, la enfermedad, la desidia y la muerte, o uno en el que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, puedan disfrutar de un continuo desarrollo garantizando el verdadero equilibrio que les permitirá vivir tal como el Creador lo planeó.

Así como Dios da, Él también quita. ¿No estamos interesados en cuidar el lugar en el que vivimos?, pues no nos quejemos, ni responsabilicemos a otros, si en el futuro inmediato lo que era inagotable (agua, aire, clima, suelo fértil) ya no existe. Lo que dejamos de hacer para contribuir a tener un mundo mejor, es lo que marca la diferencia entre vivir o morir, y honestamente va en la conciencia de cada uno de nosotros el tomar la decisión y sufrir las consecuencias.

 

Oremos

Padre amado, ten misericordia de nosotros y perdona la manera en la que hemos sido irresponsables con los recursos que nos has dado para preservar nuestra existencia. Amamos la vida y necesitamos aportar de manera responsable con nuestro granito de arena, para hacer de éste mundo el mejor de todos, en beneficio nuestro y el de nuestra descendencia. Valoramos lo que haces a diario por nosotros, advirtiéndonos de lo que vendrá sino cambiamos nuestra manera de actuar y de pensar. Declaramos que ya no habrá más indiferencia y que seremos un factor de cambio activo a fin de prolongar nuestra vida de acuerdo a tu plan divino. Bendecimos nuestro planeta, en el nombre de Jesús y bajo la unción del Espíritu Santo, amen.

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