La mujer ejemplar es corona de su esposo; la desvergonzada es carcoma en los huesos”.
(Proverbios 12:4 NVI)

Caemos en el mismo círculo vicioso de todos los matrimonios, de esperar ver cambios como por arte de magia, como si no hubiera que esforzarse un poco más, para construir, que para destruir.

Cuando nos casamos, nos enfrentamos a una cantidad de hábitos, recuerdos, ideas preconcebidas, expectativas personales y sueños individuales por cumplir; es difícil entender que tenemos metas opuestas y prioridades distintas y que es todo un reto llegar a alcanzar el equilibrio entre el amor incondicional y el respeto que Dios quiere para nosotros como una nueva familia en Cristo.

Me gustaría ver convertido a mi esposo en un Pastor, hombre de fe, casi perfecto; que lo que es importante y trascendental para mí, también lo fuera para él,  pero es una realidad…tiene defectos como tú y como yo y por ser personas distintas, no pensamos igual.

Hace cerca de 7 años le regalé muy emocionada a mi esposo, su primera Biblia acompañada del libro “El poder del esposo que ora de Stormie Omartian”, era un anhelo de mi corazón, que mi esposo inconverso conociera del Señor, y haría todo lo posible para acercarlo a Él, inclusive el empujarlo a desarrollar hábitos que él evitaba tajantemente como era ‘leer’…para mi decepción aún no lee ni la primera página de ese libro.

Con nuestros antecedentes; cada uno con un divorcio a cuestas, con hijos de un matrimonio anterior, en yugo desigual porque él era Católico y yo Cristiana, criados en el seno de una familia militar, era casi imposible pensar que podríamos estabilizarnos bajo la cobertura del Señor, pero contra todo pronóstico, podemos dar un parte de victoria, porque no somos las mismas personas de hace 8 años, él ya es creyente, servimos en nuestra iglesia y seguimos juntos y firmes a pesar de las tormentas.

Y me pregunto ¿Por qué nuestro barco no se ha hundido? nos hemos declarado náufragos en muchas ocasiones y SIEMPRE ha llegado Dios a rescatarnos. Hemos mantenido la mirada fija en sus bendiciones, en los gritos de victoria y aunque tenemos heridas de guerra, algunas visibles y otras no, creemos en el poder del Señor y en el propósito que tiene para nosotros, eso nos ha ayudado a no darnos por vencidos y a avanzar para que sea el Señor quien se glorifique en nuestras vidas.

Y bueno, me dirás, Lilo ¿lograste que tu esposo fuera el hombre espiritual que querías? Y debo decirte que ¡NO!…

No está en nuestras fuerzas cambiar a nuestros esposos, es bajo el poder del Espíritu Santo, que se logra un cambio real en su carácter y para que eso se dé, es necesario que nosotras muy juiciosas perseveremos en la oración… cantaletearlos, criticarlos, señalarlos, juzgarlos, ser ligeras de labios al calificar su indiferencia hacia las cosas de la iglesia, no es la solución a nuestras expectativas insatisfechas, es más, es nuestra actitud irreverente y arrogante, la que termina por alejarlos.

La palabra dice en 1 Pedro 3:1-2: “Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que, si algunos de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y respetuosa”; y aunque la escuché en diferentes instantes de mi vida a mis pastores y líderes de la Iglesia, no había dimensionado el poder de éstos versículos sino hasta ahora…

¿Deseas que tu esposo sea un hombre espiritual? ora, ¿Deseas ser una mujer de alta estima delante del Señor?, respeta a tu esposo y dale honra donde quiera que estés; ¿Quieres que él se acerque cada día más a Jesús? la clave del éxito está en escuchar atentamente su queja y elegir trabajar en ella,  para que en la medida que él vea tu transformación, se anime a hacer lo mismo más adelante, antes, ¡NO!..

Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán.”
(Marcos 11:24 NVI)

Escrito  por Lilo de Sierra para www.conectadosconcrisro.com