Dios resucitó a Jesús, y él también hará que los cuerpos muertos de ustedes vuelvan a vivir, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Esto Dios lo hará por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.

(Romanos 8:11 TLA)

Eres un hijo de Dios. Lo crees, realmente ¿lo crees?

Para ser hijo de Dios se requiere de un sacrificio, uno que fue hecho una vez y para siempre. El hijo unigénito entregó su vida para hacerte hijo del Padre celestial, darte salvación y vida eterna. Por ser su hijo, te ha dado al Espíritu Santo para ser mejor cada día y porque en algún momento del camino, llegará una prueba para sacar lo mejor que llevas por dentro.

Si te encuentras en ese momento, comprende y medita esta palabra «y con El nos resucitó, y con El nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús» Efesios 2:6. Al resucitarnos y sentarnos junto a Él, Dios nos muestra que somos uno con Cristo, por lo tanto no hay más resultado posible que emanar nuestra mejor versión para su gloria. De esta manera avanzarás, en medio de la prueba y seguirás corriendo la carrera hacia la tierra prometida. Renueva tu mente reflexionando sobre su Palabra, para que crezcas en Él y recibas todas las bendiciones que tiene para ti.

Debes tener en claro que nada ni nadie podrá borrar o quitar lo que tienes en tu interior. Solo Dios tiene el poder y la potestad para darte la mayor recompensa a nuestra fidelidad, su Salvación. El mundo te pondrá trabas y pruebas, pero esos obstáculos tienen un sentido: ¡sacar lo mejor de ti! Los mejores soldados se forman superando dificultades, resolviendo problemas y creando soluciones.

Me gustaría que hoy te preguntaras: ¿Quién eres tú sin Cristo? ¿Quién dejas de ser sino eres consciente del Cristo que te habita? Debes tener en claro quién eres en Cristo, callar todo lo que está alrededor tuyo que quiera decir lo contrario y poner punto final para que puedas llegar a usar todo el potencial que hay en ti como hijo de Dios.

Hay algo muy importante que debes entender y es que Cristo llegó a partir tu vida en dos, el pasado debe quedar atrás y tú presente lo vives de una manera distinta. Para comprender el ¿quiénes somos? Nos remitimos a nuestro pasado, a nuestro presente y a nuestro futuro, hay momentos que lo puedes ver confuso porque en el pasado eras uno, en tu presente otro, y te ves en el futuro como un ser completamente diferente.

Para entender y avanzar en los caminos de Cristo, debemos olvidar por un momento el pasado y enfocarte en el ahora, para tener en claro que eres un hijo de Dios, porque esa es la única manera de usar todo el potencial que Dios te ha dado, dejar atrás lo que crees que eras para concentrarte en un pensamiento  «Yo ya estoy sentada en lugares celestiales, porque soy una con Cristo»

para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno:

(Juan 17:21-22 LBLA)

 Escrito por Nina Gutiérrez para conectadosconcristo.com