TEXTO BÍBLICO

Salmos 12

Al director musical. Sobre la octava.[a] Salmo de David.
“12 Sálvanos, Señor, que ya no hay gente fiel;
ya no queda gente sincera en este mundo.
2 No hacen sino mentirse unos a otros;
sus labios lisonjeros hablan con doblez.

3 El Señor cortará todo labio lisonjero
y toda lengua jactanciosa
4 que dice: «Venceremos con la lengua;
en nuestros labios confiamos.
¿Quién puede dominarnos a nosotros?»

5 Dice el Señor: «Voy ahora a levantarme,
y pondré a salvo a los oprimidos,
pues al pobre se le oprime,
y el necesitado se queja».

6 Las palabras del Señor son puras,
son como la plata refinada,
siete veces purificada en el crisol.

7 Tú, Señor, nos protegerás;
tú siempre nos defenderás de esta gente,
8 aun cuando los malvados sigan merodeando,
y la maldad sea exaltada en este mundo.”

REFLEXIÓN

Implicaciones de la fidelidad e infidelidad

La palabra fidelidad, implica varios aspectos a tener en cuenta: Firmeza y constancia en el cumplimiento de los compromisos establecidos. No sólo se refiere a nuestros deberes como esposo(a), sino a aquellos adquiridos en el ámbito laboral y espiritual. Está vinculada con la lealtad, el deber cumplido, la satisfacción personal, la honestidad y la sinceridad.

Para la sociedad actual, ser infiel a nuestra pareja y a nuestros principios y convicciones es una constante y es considerado como algo tolerable; sin embargo, para aquellos que se han sentido traicionados, no existe un dolor más grande que la mentira, el engaño y el cinismo que éste encierra.

Es importante no confundir infidelidad con fornicación. Infidelidad ocurre cuando una persona casada decide tener relaciones sexuales con otra diferente a su esposo(a). Fornicación hace referencia a que una persona soltera sostenga contacto íntimo de carácter sexual por fuera del vínculo matrimonial. Los dos casos, son detestables para el Señor.

El adulterio es uno de los pecados más graves delante de Dios. En la antigüedad era castigado con la muerte y en alguna de las culturas existentes al día de hoy, ésta ley se sigue manteniendo. Cuando rompemos la promesa de amor que hicimos el día de la boda, realmente estamos dándole la espalda al Señor.

Es nuestra responsabilidad honrar nuestro linaje revistiéndonos siempre de la verdad, la persistencia y la valentía, que mueve a los hijos de Dios, a decidir amar a su esposo(a) por encima de las circunstancias, los problemas o los defectos del otro. Tiene más valor un hombre que decide permanecer toda una vida con la misma mujer, que aquel que actúa como lo hace el común de la gente; tú decides si quieres ser uno más del montón, o definitivamente marcar la diferencia en un mundo de iguales.

Eres infiel si estás unido a un hombre o a una mujer y cedes ante la pornografía, las fantasías sexuales, el coqueteo y a cualquier cosa que pueda llevarte a sentirte atraído a otra persona. Como Dios examina tus pensamientos y tu corazón, el desear a alguien distinto a tu esposo(a) en tu mente, también es visto y juzgado por Él, con la misma gravedad.

¿Qué podemos hacer si hemos cometido este error? Definitivamente tenemos que pagar un precio, toda acción buena o mala conlleva consecuencias. Pedir perdón a Dios y nuestro cónyuge, hacer lo posible por reparar la confianza perdida, huir de las tentaciones y ser radical al apartarte de la autodestrucción inevitable que esa medida encierra, es una decisión personal que absolutamente nadie va a tomar por ti.

Alabanza sugerida

Canción: Como se cura una herida – Jaci Velazquez

Ver video aquí: http://bit.ly/2rIej1h

OREMOS

Señor es difícil soportar y superar el dolor de una traición, pero se puede, y lo entiendo cuando miro hacia tu cruz y me doy cuenta que la desilusión y los sentimientos de tristeza y decepción, quizás tú también lo sentiste, cuando te atacamos y te condenamos a muerte. Amado padre celestial, restaura la confianza en mí mismo(a) y la perdida hacia mi esposo(a); ayúdame a construir y a no destruir, a corregir mis errores del pasado y reivindicarme hoy en pro de relaciones sanas que te honren a ti, primero que todo. Rompe toda atadura espiritual o física que se haya generado por mi pecado o el de mi cónyuge y concédenos un nuevo matrimonio; aparta de nosotros cualquier tentación que amenace con arruinar mi comunión contigo, en el nombre de Jesús, amén.