Todos somos parte de la Iglesia perseguida

Desde que era niña, he escuchado en películas de cine y programas de televisión, el sarcasmo de libretistas y directores al referirse a la “paz y el amor” como una frase de cajón que ridiculiza a reinas de belleza, dirigentes políticos y líderes religiosos. Algunos grupos a lo largo de la historia atribuyen al Señor guerras ideológicas sin sentido, sembrando el terror entre el pueblo de Dios, revelando división, violencia y muerte, divulgando de ésta manera un mensaje equivocado y distante de la voluntad que nuestro padre ha trazado para su pueblo, que no difiere de la victoria, la tranquilidad y la unidad.

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