Eres un vencedor, tu enemigo ha sido derrotado

Josué era un hombre de gran espíritu; Dios ordenaba y él obedecía, sin rezongar y sin cuestionar. Confiaba plenamente en el artífice de milagros incontables en medio de su pueblo; cada victoria le infundía entusiasmo y apasionamiento por cumplir lo que el Señor le ordenaba. Creía sin dudar en Dios cuando le decía que no temiera, que cumpliría sus promesas y que libraría por él la batalla. Demostró ser un gran estratega militar pero también reafirmó que sin importar el lugar prominente de liderazgo en el que se encontraba, SIEMPRE dependería de la sabiduría de Dios en cada circunstancia a la que se viera expuesto. Ésta actitud fue la clave para su éxito.

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