La satisfacción del deber cumplido

Ciento veinte años de edad tenía Moisés, el día que siguiendo las indicaciones del Señor, subió de las llanuras de Moab a la cima del monte Pisgá. Vio por última vez, el territorio que Dios le había prometido a Israel entregarle como muestra de su amor y fidelidad. No disfrutaría de aquella bendición; no entraría a ese lugar, pero podía sentirse satisfecho del deber cumplido.

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