El justo juicio de Dios

Es tan fácil caer en el juego de juzgar el mal actuar de otros, sin antes examinarnos a nosotros mismos. Cuando criticamos, señalamos, expresamos abiertamente nuestro enfado y nos negamos tajantemente a orar por aquellos que consideramos perseguidores, le quitamos mayordomía a Dios en nuestros asuntos y acumulamos raíces de amargura en nuestro corazón muy difíciles de erradicar.

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